Los crímenes más bizarros de Latinoamérica. Foto

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Es sabido que la imaginación humana no tiene límites y así como tiene su beneficio para la sociedad en la creación de los más alucinantes artefactos o en el relato de las más intrigantes historias, también ha dejado una macabra huella en el mundo de los asesinatos.

Conoce algunos de los más famosos crímenes que ocurrieron en Latinoamérica y trascendieron por lo raro y bizarro de las muertes.

LAS HERMANAS SATÁNICAS

Se escuchaban gritos y ruidos muy fuertes desde el interior de la vivienda, lo que motivó a que los vecinos llamen a la policía. Cuando los uniformados lograron ingresar a la propiedad, tras violentar la puerta, encontraron una escena dantesca. El cuerpo de un hombre mayor yacía desnudo en el piso rodeado por un charco de sangre. Sobre él, una joven también desnuda que no paraba de apuñalarlo con un cuchillo de cocina, y a unos pocos metros su hermana mayor atestiguando la escena. “Váyanse, esto no es real”, “Sal Satanás”, y “Mamita, mamita, ahora papito se va a volver bueno”, vocifera la asesina como si estuviera poseída.

La madre había fallecido años antes y la relación de ellas con el padre no era buena. En la búsqueda de soluciones mágicas ambas hermanas asistieron a un centro esotérico. Lo que ocurrió aquella noche fue el final inesperado de un ritual de purificación. El cuerpo del hombre, a quienes ellas creían maldito como la casa, acabó con más de cien puñaladas y el rostro parcialmente mordisqueado.

La investigación estableció que ambas padecían distintos grados de esquizofrenia no tratada, que en el marco de un culto generó el episodio psicótico de triste final.

EL DESCUIDO DE LA PARVULARIA

Como cada mañana, Elizabeth Eugenia Riffo Tapia, de 39 años, pasó a buscar a Borja López Ojeda, de tres años, para llevarlo junto a otros tres niños al jardín de infantes Mandarino, ubicado en Huechuraba, una comuna de la zona norte de Santiago de Chile. La parvularia sentó al niño en el asiento trasero en una silla especial para chicos y le colocó el cinturón de seguridad. Cuando arribó al establecimiento, alrededor de las 14 horas, lo olvidó inexplicablemente dentro con los vidrios cerrados y a plena luz del sol. Fue una tarde particularmente calurosa, con una temperatura promedio de 28 grados.

Curiosamente nadie del centro educativo se percató de lo sucedido. Recién, cuatro horas más tarde, cuando el abuelo del menor pasó a buscarlo para llevarlo de vuelta a su casa, se percataron de que el chico había permanecido encerrado dentro del vehículo. Al ir a buscarlo, lo encontraron sin signos vitales. Dentro del jardín trataron de darle los primeros auxilios, pero el menor ya había fallecido por asfixia.

“ME MANDÓ A MATAR EL PRESIDENTE”

Ocurrió en Guatemala. Rodrigo Rosenberg era un prestigioso abogado que fue asesinado por sicarios el 10 de mayo de 2009. Tras el hecho apareció un video suyo donde él mismo anticipaba su muerte y señalaba al entonces presidente Álvaro Colom como el responsable, lo que ocasionó una grave crisis en el gobierno.

Por el asesinato fueron apresados dos primos de Rosenberg, José Estuardo y Francisco José Valdés Paiz. A raíz de la implicancia del ejecutivo intervino la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), un organismo creado por la ONU que ofició de querellante en el proceso.

La investigación resolvió que Rosenberg había pedido a sus primos que se encargaran del pago a unos sicarios contratados por él para eliminar a alguien que lo estaba extorsionaba. Resultó que en realidad, él mismo se había señalado como objetivo.

EL CASO DE LAS MÁSCARAS RADIOACTIVAS

En 1966, un niño estaba remontando una cometa en la colina Vintém en Río de Janeiro, Brasil, cuando halló los cuerpos sin vida de dos hombres prolijamente recostados. Aún más llamativo es que ambos estaban vestidos con trajes negros, llevaban puesto impermeables y portaban máscaras de las que se usan cuando hay radiación. No había sangre ni signos de violencia, sólo una botella de agua, dos toallas húmedas y una nota con dos frases escritas:

“16:30. Estar en el lugar acordado.”

“18:30. Ingerir las cápsulas, después del efecto proteger metales, esperar a la señal, máscaras.”

Los hombres fueron identificados como Manoel Pereira da Cruz y Miguel José Viana, dos técnicos electrónicos que habían partido de sus casas el día anterior para comprar elementos necesarios en su trabajo. De paso también fueron a esa colina donde el rumor cuenta que se pueden avistar ovnis.

La escena que parecía sacada en parte de una película de ciencia ficción nunca pudo tener una explicación concluyente, ya que no pudieron realizarse las pericias toxicológicas dado que los cadáveres se descompusieron antes de que pudieran ser examinados. De todas maneras, los investigadores supusieron que los dos hombres habían sido embaucados por alguien, que les ofreció las pastillas para tener algún contacto extraterrestre y terminó siendo un veneno fatal para robarles.