Mausoleo de Rufina Cambaceres en el cementerio de Recoleta, Buenos Aires. Foto

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Por Pablo Huerta.

Se hallaba mudo y quieto echado en el sillón. Su rostro exhibía una mortecina palidez y no respondía a estímulos. Ni siquiera se percibía su pulso y respiración. Ante la inesperada escena, todos echaron a llorar porque creyeron que había muerto.

Fue llevado a su cama a la espera de que llegaran los médicos. Minutos después, de su lecho se levantó como si hubiese regresado del más allá. Algunos se asustaron creyendo que había obrado algo místico, pero pronto los entendidos en la ciencia hipocrática ofrecieron las respuestas del caso: el paciente había padecido una catalepsia.

La catalepsia es un estado biológico también conocido como “muerte aparente”, que presenta todas las características de un deceso pero que no lo es. Acorde a su intensidad, el individuo podrá estar inconsciente de lo que ocurre a su alrededor, vagamente consciente, o incluso consciente al punto de ver y oír a la perfección sin poder reaccionar. Su estado se puede presentar por minutos, horas o varios días en los casos extremos.

No es una enfermedad en sí misma, pero sí el resultado de trastornos como el mal de Parkinson, la epilepsia, o el curso de diferentes psicosis, como la esquizofrenia.

En la actualidad se tiene en cuenta su existencia antes de diagnosticar un fallecimiento, y a todo muerto sospechoso se lo somete a un electroencefalograma. Algo que no ocurría en un pasado no tan lejano, lo que ha llevado a que muchas personas hayan sido literalmente enterradas vivas.

Su existencia es tan escalofriante que motivó a Edgar Allan Poe a escribir la novela Entierro prematuro (Premature Burial, 1831). Y la temática fue llevada al cine en diversas películas, nunca mejor retratada como en el clásico La caída de la casa Usher, de Roger Corman.

CASOS FAMOSOS

Todo turista que visite Buenos Aires, Argentina, y que pasee por el cementerio de la Recoleta oirá la historia de la “joven que murió dos veces”.

Era el año 1903 y Rufina Cambaceres se aprestaba a festejar esa noche del 31 de mayo su cumpleaños número 19. Cuando las sirvientas entraron por la tarde a su cuarto para ayudar en los preparativos, se encontraron con el cuerpo de ella sin vida.

Su madre, desconsolada, decidió no velarla y al día siguiente fue enterrada. Pero un día más tarde el cuidador de la bóveda familiar encontró el féretro ladeado. Al abrir el cajón, descubrió rasguños por doquier y una expresión de terror en el rostro de la joven.

Otro caso conocido tuvo lugar en la República Dominicana. Allí, la popular bailarina Niurka Berenice Guzmán Reyes, de 23 años, fue sorpresivamente hallada muerta y se le diagnosticó un infarto de miocardio.

Días más tarde, una amiga y compañera del grupo de baile de la Plaza de la Cultura dijo que presentía que Niurka estaba viva. La madre le creyó y exigió la exhumación.

Ante centenares de testigos, cuando sacaron del nicho el ataúd, se confirmó que la joven estaba muerta, pero presentaba evidentes signos de asfixia.

Un caso más reciente ocurrió en Uruguay. Una señora de 94 años fue hallada en estado crítico en su casa y trasladada al Hospital de Colonia. Allí pereció y fue llevada al depósito de cadáveres. Pero cuando su hijo fue a la morgue para despedirla por última vez con un beso, sintió la respiración de la mujer.

La paciente reingresó a emergencias y efectivamente falleció días después sin despertar jamás del estado de coma (actualmente, el establecimiento es sometido a una investigación interna).

Al parecer se puede morir sin estar muerto, y volver a la vida sin ser un zombie. La posibilidad de la catalepsia provoca terror en algunas personas, ¿qué te parece a ti?